El vuelo salía a las 14:00 de la Terminal 4 de Barajas, pero debíamos estar en el mostrador con tres horas de antelación. Habíamos estado la noche anterior preparando las maletas, así que sólo era cuestión de darse una ducha rápida, vestirse, revisar que llevábamos el pasaporte, desayunar algo, revisar nuevamente que llevábamos el pasaporte y sobre las 11:15 poner rumbo a la estación de metro más cercana, no sin antes asegurarnos de llevar encima el pasaporte....
Una vez en el aeropuerto nos encontramos con una cola inmensa en los mostradores de nuestro vuelo, así que tocó armarse de paciencia y esperar a que fuese avanzando la cosa...con tanta espera nos pusimos a hablar y a hablar hasta que de repente una voz nos interrumpió: “¡¡¡Niñooooos!!!!!!! ¡¡¡¡¡¡que os toca!!!!!!!!” Había un mostrador libre y nos tocaba a nosotros, pero estábamos todos en la parra y no nos movíamos para desesperación del personal...¡que vergüenza! ¡y que mujer más loca! ;)
Una vez en el mostrador nos informan de que el vuelo va con un retraso de unas dos horas, ¡mal empezamos! Así que fuimos a matar el tiempo y el hambre a un Mc Donalds y echamos mil y una partidas de cartas mientras el retraso iba en aumento y nadie daba una hora de salida, lo que sacó lo peor de alguno de los allí presentes...y es que las excusas que iba proporcionando la encargada de turno eran para mear y no echar gota...primero, que el avión había llegado tarde y estaban con el catering y demás zarandajas; luego, se había encendido un pilotito y nada, cuestión de minutos revisarlo; horas después seguíamos con el pilotito de las narices porque los mecánicos de AENA estaban comiendo y claro, no habían podido mirarlo (así que no era culpa de ellos, oiga!); y luego...luego ya no sabían que inventarse y simplemente pasaban en moto...Sobre las 18:00 nos dieron un bocata y una bebida para que nos entretuviésemos y dejásemos de dar por culo molestar. Seis horas más tarde, tras jugar un número ingente de partidas a “culo”, logramos embarcar en el avión... Al principio costó pillar el sueño, fue difícil, pero gracias a Dios la primera peli del vuelo solvento el problema: La proposición....típica película de la señorita Bullock que actuó como un gran sedante. Quedarse dormido fue cuestión de minutos! Aunque bueno, para gustos, colores, y hay que reconocer que uno de nosotros hasta se emocionó viendo la película...lo siento, no daré nombres...:) Tras unas diez horas y media de vuelo aterrizamos en Cancún. Colocamos el reloj en hora (¡¡ya eran la 00:30 del domingo!!), esperamos a pasar el control de aduanas, nos dicen que las ineptas de las azafatas se han equivocado al decirnos que era un papelito por grupo, rellenamos más impresos, volvemos a esperar...y finalmente logramos realizar todo el papeleo de turno en el control de aduanas y que el semáforo no se nos pusiera a ninguno en rojo...y es que tras revisarte los papelajos y el pasaporte, te hacen apretar un botón que hace que una luz se ponga roja o verde aleatoriamente...y si te toca roja, ¡premio! Te inspecciona de arriba a abajo el segurata de turno, te hacen abrir la maleta de mano, vaciar los bolsos...En fin, salvado este primer escollo fuimos a por el equipaje, y por suerte ninguna de nuestras maletas se había extraviado. Salimos al exterior y ya comenzamos a notar la humedad y el calor. Buscamos al tipo de Solplan que nos indicó donde quedaba la zona de autobuses, caminamos hasta allí unos metrillos, localizamos el nuestro, nos pusieron la pulserita (¡¡¡que no se pierda!!!) y directos para playa del Carmen...una horita de trayecto. Nada más llegar nos dieron un extraño cóctel (Tang), la llave de la habitación, cerradura y llave de la caja fuerte, tarjetas de toallas, plano del hotel y unas pegatinas con el número de la habitación para que las pegásemos en las maletas y nos las llevaran. La cena que nos dieron fue un poco cutre, pero dadas las horas no se podía pedir mucho más. Tras saciar el apetito fuimos a las habitaciones. Nos tocó a todos en el mismo bloque, pero una de ellas en la tercera planta y el resto en la segunda. Las habitaciones estaban bastante bien, con dos camas de 1.35 juntas, terraza, televisión y con un dispensador de bebidas y un minibar. En el primero había una botella de tequila José Cuervo, una de ron Imperial, una de vodka y otra de ginebra. En el minibar tenían pepsi, mirinda (hacía siglos que no veía una), seven up, coronita corona y agua. Tras inspeccionar la habitación deshicimos rápidamente el equipaje, y fuimos a estrenar el lounge bar del hotel...pero llevamos a cuesta una paliza de viaje y tras un par de cocktails ya estábamos muertos y pusimos nuevamente rumbo a las habitaciones. Aún quedaba mucho por delante, el viaje no había hecho más que comenzar... |